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Los retos de la economía de mercado ecosocial

 

Belgradeo 21 de abril de 2016 - La federación sindical austriaca FCG/GPA-djp y la confederación sindical neerlandesa CNV, conjuntamente con la Organización Europea de la WOW (OE/WOW), la federación serbia SS BOFOS y el Centro Europeo para los Asuntos de los Trabajadores (EZA), organizaron un seminario europeo especialmente para los sindicatos en Europa Central y del Este. Unos 70 delegados procedentes de 20 países europeos participaron en el seminario, que se celebró en Belgrado, capital de Serbia, del 19 al 21 de abril. Expertos de distintos países presentaron los diferentes aspectos de la economía de mercado ecosocial.

La economía de mercado ecosocial se define como una forma de capitalismo de mercado combinada con una política social que favorece la seguridad social y la solidaridad. La economía de mercado ecosocial constituye el núcleo central de nuestra sociedad nacional libre y abierta y cada vez más europea, que también se caracteriza por la solidaridad. Ha demostrado ser un sistema económico que garantiza la prosperidad y el pleno empleo, así como el bienestar, promoviendo un tejido social sólido.

El concepto de una economía de mercado ecosocial se desarrolló, por primera vez, en los años 1980 por el político austriaco Josef Riegler, quien, en consideración al medio ambiente, pidió que la economía de mercado social se complementara con el componente de “responsabilidad medioambiental”. Tiene por objeto equilibrar la economía de libre mercado y luchar por la equidad social, el uso sostenible y la protección de los recursos naturales. La economía de mercado ecosocial requiere que la protección del medio ambiente y la equidad social sean criterios fundamentales de toda la actividad económica.

Se observa en el mundo entero una distribución injusta de la riqueza, la pobreza, así como la presión que ejercemos en el medio ambiente. Una parte importante de la población mundial es obesa, mientras que demasiadas personas aún mueren de hambre o luchan por sobrevivir, contando con lo mínimo para no morir, pero no lo suficiente para vivir de manera decente. Con respecto a la contaminación, a menudo se señala con el dedo a China donde es prácticamente imposible respirar en las grandes ciudades, lo cual constituye efectivamente un gran problema, aunque según las estadísticas las emisiones siguen siendo las más elevadas en Estados Unidos. Las emisiones en África, América Latina y Sudeste Asiático son comparativamente inferiores. Pues se debería desarrollar un sistema mundial centrado en prácticas sostenibles que sean responsables a nivel ecológico. Seguir la vía actual no es una solución. Con este fin, las personas deben ser conscientes de que redunda en beneficio de la protección del medio ambiente.

Se puede entender que este objetivo no se alcanza fácilmente en todos los países del mundo. Las diferencias son demasiado importantes y las prioridades son distintas. Las poblaciones están luchando por sobrevivir, por un ingreso estable, por una vivienda. La sostenibilidad no es su primera prioridad, aunque debería serlo, especialmente para las personas que tienen un empleo precario, ya que son ellas quienes pagan el precio más alto, o sea su salud y finalmente sus vidas.

En Europa Central y del Este, ocurre lo mismo en cierta medida. Cabe subrayar que el empresariado social también crea empleo. No sólo los costes sino también las ventajas deberían ser tomados en consideración. Esta cuestión debería ser promovida en mayor medida por los Gobiernos respectivos y la Unión Europa. Asimismo, se debería tener en cuenta el género al respecto. La política de empleo que integra la dimensión de género también es una forma de economía de mercado sostenible, que se ha desarrollado muy poco en los países de Europa del Este y debería fomentarse más.

Fue un gran honor poder recibir como orador a Josef Riegler, que fue el primero en haber presentado y desarrollado el concepto de la economía de mercado ecosocial. En su opinión, la economía de mercado ecosocial es la única vía posible, aunque varias cuestiones importantes amenazan a la humanidad:

- la explosión demográfica;
- la guerra y el terrorismo;
- la brecha entre pobres y ricos;
- el cambio climático;
- el fanatismo y el odio.

Estos puntos constituyen una amenaza para la sociedad y el modo de vida europeos. El mundo no se encuentra en equilibrio, provocando dificultades en el mundo entero. La única salida es que adoptamos, como comunidad mundial, una serie de denominadores comunes. Todos deberíamos adoptar el mismo objetivo y la misma visión. Con este fin, tres puntos resultan esenciales:

- la conciencia mundial;
- normas éticas mundiales con respecto a la acción humana;
- la responsabilidad compartida.

En este sentido, la economía de mercado ecosocial puede considerarse un principio social cristiano. Lograr un equilibrio entre los distintos actores de la economía también implica que sea sostenible. El término bíblico sería “custodia”. Ser responsable, en la manera de actuar, de las generaciones actuales y futuras. Los recursos naturales no son inagotables, con lo cual no deberían descartarse fácilmente. En cambio, pueden traducirse fácilmente en bienestar sostenible y solidaridad.

La sostenibilidad es un tema de gran actualidad con respecto al uso de la energía, especialmente las fuentes de energía no renovables, como el petróleo y el gas. En cuanto se utilizan desaparecen para siempre. Por ello, es muy importante centrarse en fuentes de energía renovables y limpias. No obstante, para muchas personas, esta cuestión no es su primera preocupación y no figura en su lista de prioridades, mientras que debería serlo en realidad. No conocen la energía en el sentido más amplio y tienen dificultades para leer su propia factura de energía, mientras que pagan un importe elevado cada año, que podría ser bastante inferior. Por consiguiente, mostrar interés por ello merece la pena, siendo además más benéfico para el medio ambiente.

Muchos países aún tienen un largo camino por recorrer para conseguir mayores condiciones medioambientales. Para muchos, no es su primera prioridad, al tener otros problemas que resolver primero. En realidad, no deberían tratar una u otra cuestión sino todas juntas. Los países y las poblaciones deberían ser conscientes de que proteger el medio ambiente es benéfico y que, en realidad, pueden ganar dinero. Tal es el objetivo de la economía de mercado ecosocial que tiene por objeto garantizar una sociedad sostenible en cada contexto cultural, que sea duradera en tres niveles: medioambiental, social y económico.

¿Pero cómo poner en práctica los principios mencionados anteriormente? La cuestión principal es la compatibilidad de los objetivos ecológicos y sociales con los principios de una economía de mercado. La pregunta fundamental es la siguiente: ¿qué condiciones marco deben crearse para que la dinámica de una economía de mercado se desplace dentro de unas fronteras impuestas por aspectos ecológicos y sociales? La política para la economía y la sociedad requiere un marco reglamentario claro. Lo cual es ahora más importante que nunca.

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